La actuación ha permitido identificar, documentar y proteger un tramo de la Vía Augusta que transcurre a más de 3 metros soterrado siguiendo el trazado del Camí del Mig. Se han localizado restos de los dos muros que delimitaban la vía romana a ambos lados, una parte del firme y marcas de las ruedas de los carros que circulaban por ella.
El Camí del Mig se ha reabierto al tráfico una vez finalizadas las obras de renovación de la red de alcantarillado y también de un tramo de la red de abastecimiento de agua potable. Aigües de Mataró, que ha llevado a cabo los trabajos, finalizó el pasado viernes el asfaltado de la vía.
La intervención ha supuesto la renovación de la red de alcantarillado en el tramo comprendido entre la plaza de Manuel Serra i Xifra y la ronda de Francesc Macià. Esta sección presentaba un estado de conservación deficiente y había sido identificada como prioritaria dentro de la ampliación del Plan Director del Alcantarillado de Mataró. Se han construido 261 metros de tuberías de PVC de diferentes diámetros, se han renovado las acometidas de alcantarillado y las conexiones de los sumideros con el mismo material. También se han instalado dos pozos de registro de PVC, tres cámaras con bloques de hormigón y tres pozos con paredes de ladrillo calado. Estas mejoras permiten aumentar la capacidad de drenaje de la calle.
Además de la actuación en el alcantarillado, Aigües de Mataró ha renovado un tramo de la red de agua potable en el Camí del Mig, a la altura del cruce con la plaza de Manuel Serra i Xifra, así como las conexiones con la ronda de Leopoldo O’Donnell y la avenida de Lluís Companys. Las tuberías preexistentes se han sustituido por 383 metros de tuberías de diferentes materiales y diámetros, y se han instalado nuevas descargas y válvulas de maniobra para garantizar el correcto funcionamiento y mantenimiento de la red. También se han renovado los hidrantes para mejorar la cobertura contra incendios en la zona. Tuberías provisionales han asegurado el abastecimiento de agua potable durante las obras.
A raíz de los trabajos, la calle ha estado cortada durante un año, seis meses más de lo previsto, principalmente por la aparición de servicios no previstos, problemas de estabilización de los terrenos y la necesaria coordinación con la intervención arqueológica. El seguimiento arqueológico de las actuaciones se previó desde un inicio, ya que se contemplaba la posible aparición de vestigios de la calzada romana.
Aigües de Mataró adjudicó las obras a la empresa Gestión Ingeniería y Construcción de la Costa Dorada, SA, por un importe de 1.077.057,68 € (IVA incluido), y la obra mecánica ha sido realizada por la propia compañía por un importe de 144.654,54 € (IVA incluido).
La Vía Augusta
Durante las obras de renovación de las redes de alcantarillado y abastecimiento de agua potable del Camí del Mig, concretamente entre las calles de Joan Larrea y de Domènec Matheu, se ha podido identificar un tramo de vía romana que puede identificarse como la Vía Augusta. Este hecho ha permitido constatar que bajo la calle actual se encuentra conservado un tramo de esta importante infraestructura viaria de época romana.
La Vía Augusta fue una de las mayores y más importantes infraestructuras de época romana. Más que una única vía, se trataba de una red viaria que comunicaba los Pirineos con Cádiz con más de 1.500 kilómetros de calzada. Construida bajo el patrocinio de Augusto entre el siglo I a. C. y el siglo I d. C., para su construcción los ingenieros romanos estudiaron el territorio y utilizaron criterios técnicos de máxima eficiencia para configurar una red viaria que permitiera desplazarse con mayor agilidad. Esta configuración geográfica tan estudiada permitió moverse más rápidamente por el territorio y supuso una mejora muy importante en el transporte de mercancías, hecho que repercutió beneficiosamente en el crecimiento de la economía romana.
En este sentido, los corredores viarios actuales, como la AP-7 o el corredor ferroviario mediterráneo, se han inspirado en esta infraestructura de época romana, ya que aprovechan la misma lógica geográfica que ya identificaron los ingenieros romanos hace más de 2.000 años.
El tramo conservado puede identificarse como un ramal costero que formaba parte de esta gran red viaria y que comunicaba la ciudad romana de Iluro (Mataró) con otras ciudades de la costa como Bladae (Blanes), Baetulo (Badalona) o Barcino (Barcelona).
El trazado de la vía fue localizado en Mataró por primera vez en 1973 en el cruce entre la calle de Joan Larrea y el Camí del Mig, donde el arqueólogo e historiador Marià Ribas pudo documentar uno de los muros que delimitaban la vía y parte de su pavimento. Este hallazgo propició la inclusión del Camí del Mig dentro de la Carta de los vestigios arqueológicos del término municipal de Mataró y posteriormente su protección como yacimiento arqueológico dentro del Plan Especial del Patrimonio Arquitectónico de Mataró.
Con anterioridad a este descubrimiento, en el año 1954, se localizó un primer tramo de la vía en el Maresme, concretamente en Can Vilalta, en Vilassar de Mar, también gracias a Marià Ribas. En este caso, su identificación con la Vía Augusta no dejó lugar a dudas, ya que se encontró en su ubicación original uno de los miliarios de piedra que marcaba las millas de la vía con una inscripción que la identificaba como tal. Este tramo de la vía presentaba características constructivas y dimensiones similares a la localizada este año en el Camí del Mig.
El tramo identificado durante las obras del colector del Camí del Mig se encuentra a más de 3 metros de profundidad, protegido por un gran aporte de tierras que pertenece al gran crecimiento urbano de los años 60, momento de la creación de los barrios de Pla d’en Boet y de Peramàs. La profundidad a la que se encuentra la vía es lo que ha permitido su preservación excepcional.
Otro hecho que ha permitido su conservación es su utilidad: la vía se continuó utilizando a lo largo de los siglos, ya que se han documentado pavimentos que certifican este uso en época medieval y moderna. Además, las fotografías anteriores a la construcción del barrio actual nos muestran el camino por el que todavía se circulaba a principios de los años 60. La configuración urbanística del barrio respetó en gran medida el trazado de esta vía, por lo tanto la calle del Camí del Mig es un reflejo directo de esta infraestructura de época romana.
La estructura identificada durante las obras del colector presenta dos muros construidos con grandes bloques de granito que delimitan la vía por el lado de mar y el de montaña, generando un espacio de 6,4 metros de anchura. También conserva una parte del firme por donde se circulaba de unos 5 metros de anchura. La sucesiva superposición de capas de firme y su uso continuado deja entrever las huellas de circulación de los carros al desgastar el pavimento en forma de marcas de las rodadas que se han podido identificar arqueológicamente.
Los datos arqueológicos extraídos durante la intervención todavía están en fase de estudio, pero demuestran que sobre la vía romana se fueron superponiendo otros viales entre los que se puede diferenciar una fase datada entre los siglos XV y XVI con un firme de tierra batida, o una carretera empedrada perteneciente a los siglos XIX-XX.
La adecuación del sistema de alcantarillado y de agua potable en el Camí del Mig ha sido una oportunidad única para documentar esta infraestructura de época romana gracias a la gran profundidad a la que es necesario soterrar estos servicios.
Una vez finalizadas las tareas arqueológicas se procedió a la protección de los restos y a su cubrimiento con arenas para su correcta conservación.